
La Rioja lidera la caída del empleo registrado: se perdieron 2.600 puestos en un año
La informalidad y la precarización laboral avanzan, mientras crecen las críticas al impacto del nuevo marco regulatorio laboral.
La crisis del empleo formal golpea con fuerza a La Rioja. Según el último informe del Sistema Integrado Previsional Argentino (SIPA), la provincia encabeza el ranking nacional de pérdida de puestos de trabajo registrados en el sector privado, con una caída del 8,6% en solo un año. De 30.000 trabajadores registrados a fines de 2023, la cifra se redujo a 27.400 en diciembre de 2024, lo que representa la desaparición de 2.600 empleos formales.
El rubro más impactado fue el de la construcción, seguido de cerca por el sector textil, afectado por el cierre de empresas o la baja en la producción en el Parque Industrial. Estos datos reflejan con crudeza el impacto que tuvo, a nivel local, la política nacional impulsada por el Plan de Regularización del Trabajo No Registrado, incluido en la Ley Bases.
Lucas Emanuel Torres, becario postdoctoral y coordinador del Grupo de Estudios del Trabajo en el INDES-CONICET, explicó que el trabajo informal no solo implica ausencia de registros, sino también privación de derechos básicos como cobertura médica, aportes jubilatorios, aguinaldo y licencias. Incluso en muchos casos de trabajo registrado, advirtió, se evidencia precarización: extensas jornadas laborales, salarios por debajo del convenio, inseguridad laboral y falta de capacitación.
Torres también señaló que los monotributistas —como repartidores, feriantes, cosecheros, trabajadores domésticos, becarios o pasantes— asumen costos y riesgos que deberían ser absorbidos por el empleador o el Estado. Esta modalidad debilita su organización sindical y limita las posibilidades de exigir mejoras laborales.
Las reformas actuales, aseguró, tienden a trasladar la responsabilidad de la regulación al mercado y los empleadores, desdibujando el rol del Estado como garante de derechos. “Se instala la idea de que el trabajador es un empresario de sí mismo, pero sin respaldo”, señaló.
Este escenario, de profundización de la informalidad y caída del empleo formal, despierta preocupación en especialistas, sindicatos y trabajadores. Las cifras de La Rioja marcan una señal de alarma: la desprotección avanza, y con ella, se amplía la brecha de desigualdad laboral en el país.